Vuelvo de una conferencia de Bob Solow sobre la recesión – que no la crisis financiera, de la que sin embargo no ha podido evitar hablar, muy a su pesar; para un economista del desarrollo, analizar el actual declive económico de Occidente en términos de desajuste financiero, como hace la prensa gratuita y no tan gratuita, es como hablarle a un analista fundamental de hombros, codos y cabezas.
Principales claves del análisis del ciclo actual:
(i) la crisis financiera es fruto del desacople de las variables financieras vs. las variables reales, motivado esencialmente por los excesos de los mercados financieros que han olvidado su papel de evaluadores del riesgo sistémico para convertirse en generadores de riesgo endógeno
(ii) consecuencia de lo anterior, la pérdida de riqueza de las economías desarrolladas en un periodo corto de plazo es en cierto modo una falacia (puesto que los factores productivos, en el sentido Solow-Arrow del término, no han perdido ni su rentabilidad, ni su capital humano, ni su tecnología, de un día para otro)
(iii) la recesión, por tanto, es de libro: la economía, tras varios años de estar a plena capacidad (e invirtiendo en sobrecapacidad – no ha querido entrar en las causas de este fenómeno, pero huele a dinero barato, vida a crédito y un marketing demasiado agresivo que ha desembocado en vidas subprime), está consumiendo ahora por debajo de su frontera de eficiencia productiva. Es pues una crisis de demanda, como toda corrección.
(iv) la crisis financiera ha tenido adicionalmente un efecto expectativas, en tanto que ha desincentivado el consumo privado nacional y obligado a fuertes reajustes entre demandas privadas (tanto interna como externa) y públicas.
Las enseñanzas del análisis de Solow me han llamado la atención, no tanto por su particular genialidad (muchas de ellas son ya vox populi en medios informados), como por coincidir con algunas de mis lecturas de estos últimos días que, en su conjunto, marcan un cambio de tendencia en el análisis ontlógico de la crisis/recesión – y en hacia dónde puede ir el mundo de ahora en adelante.
Así, desde el punto de vista de política económica, las políticas monetarias se han quedado obsoletas, por simplistas y por la pérdida de capacidad de transmisión de los canales; Solow llama por tanto a una mayor intervención pública a través de una política fiscal mucho más activa. Derivaciones de esto, y call for action del Nobel’87: una respuesta de política fiscal inmediata, mucho más importante en volumen (Solow cifra la inyección necesaria en alrededor del 2-3% del PIB de cada región afectada) y que no tenga cuenta de la generación inmediata de déficit (que se aborberá automáticamente, más rápido cuanto antes se actúe). Una reflexión en particular me parece anunciadora de un cambio de paradigma: los Estados han abandonado al mercado muchos instrumentos clásicos de política económica (fiscal y monetaria); en el caso de la zona Euro, la pérdida de los instrumentos monetarios y la creación de una zona monetaria sub-óptima por definición alimenta ahora el debate sobre la pérdida de soberanía y la incapacidad por parte de los Gobiernos locales de hacer frente a la crisis. Más instrumentos monetarios (que pasan por un mayor control de las entidades financieras y de los mercados) y más instrumentos de política fiscal – y sobre todo más coordinados. ¿Salida masiva del Euro? No, mejor un gobierno económico europeo con capacidad presupuestaria sobre toda la zona monetaria, y un nuevo marco de regulación mundial. En todo caso – y es lo que interesa en este blog – el retorno de los estados.