La fuerza de las cosas nos aboca necesariamente hacia una nueva era, la de la introspección. Como las decisiones individuales nunca han sido óptimo colectivo (al menos en sentido neoclásico), en esta era, no vamos a ser menos. Por ello, nos daremos al no-consumo: no-consumo por falta de expectativas favorables, no-consumo por restricción presupuestaria agonizante, pero sobre todo no-consumo por ruptura con un paradigma moral, el que nos ha abocado a la situación actual. Más cultura, más dedicación al uno, al nosotros, a lo que nos une, tras décadas de egemonía del yo, material y mercantil. Menos gasto compulsivo y más consumo razonado y razonable. Más retorno indirecto y menos irracional publicitario. Más social, menos insostenible. A nivel agragado, una desgracia para el PIB, pero una dicha para la equidad, para la economía de lo no-rentable y la calidad del tiempo que transcurre. ¡Bienvenidos a la era de la introspección social!